El Agua de EMASESA también se come

El Agua de EMASESA también se come

El agua de EMASESA, como ingrediente de tu alimentación


Como consumidores, somos conscientes de la importancia del agua para saciar nuestra sed e hidratarnos. Los alimentos también aportan parte del agua que ingerimos a diario, ya que en la mayoría de nuestros platos y recetas el agua es un ingrediente protagonista en las preparaciones.

El agua es un ingrediente imprescindible en nuestras cocinas para elaborar sopas, caldos, guisos, cocción de pastas y verduras, gazpachos, masas de pan o repostería, y hasta un simple café o infusión.

Actualmente la cocina ocupa un lugar importante entre los temas de interés de nuestra sociedad. Muestra de ello es el hecho de cómo la alimentación y los procesos de cocinado son tendencia en medios de comunicación y redes sociales. Por ello, los ingredientes y su calidad son mirados con lupa en la preparación de cualquier plato cocinado o alimento elaborado, donde el agua es un ingrediente que, aunque fundamental, pasa inadvertido ya que está plenamente integrado en estos procesos.

 ¿Influye el agua en el sabor del plato cocinado?

El agua influye en el sabor final del alimento de tal manera que ante un mismo alimento, la distinta procedencia del agua de consumo humano puede aportar matices o sabores distintos.

¿Qué influye en el sabor y calidad de las aguas de consumo humano?

Como factor principal, hay que tener en cuenta la DUREZA del agua, que viene determinada por la concentración de compuestos naturales de calcio y magnesio, elementos cuya presencia es natural en el agua.

Como ejemplo, el tiempo de cocción de las legumbres aumenta considerablemente con la dureza del agua, y se considera que elevadas durezas, hacen el sabor del agua menos agradable.

Otros elementos que pueden influir en el sabor del agua de consumo humano son debidos al origen y calidad de la captación, y los diferentes procesos que se llevan a cabo en las estaciones de tratamiento de agua potable (ETAP), para hacerla apta para el consumo, y llevarla al grifo del consumidor.

¿Y cómo es el agua de EMASESA para cocinar?

El agua de EMASESA tiene unas características ideales para preparar alimentos, ya que no presenta olores o sabores que puedan alterar las propias cualidades organolépticas de los alimentos.

Su clasificación en cuanto a la DUREZA es “agua moderadamente blanda”. Es un agua suave y su bajo contenido mineralógico la hace apta para todas las personas, con una dureza de 120 mg/L CaCO3 y con un contenido en sodio de sólo 10 mg/L., por lo que no es necesario instalar un descalcificador en el hogar.

Por todo ello, tanto en nuestras cocinas como en las de los bares y establecimientos donde el agua del grifo es agua de EMASESA, contamos con un ingrediente de total calidad, confianza, y 100% saludable, para cualquier plato, desde un guiso o plato de cuchara casero… a la alta cocina o cocina de autor.


A continuación, te proponemos un par de
Recetas Saludables en las que uno de sus ingredientes será nuestra agua, ¿te atreves?

Sopa de Pescado Griega

Ensalada de Arroz con Ajo y Gambas


Nosotros somos agua

Una correcta hidratación la podemos conseguir mediante nuestra alimentación y el uso de agua u otras bebidas. Aunque el agua del grifo es la bebida por excelencia y representa la forma ideal de reponer nuestras pérdidas e hidratarnos, debemos de ser conscientes de que, desde el principio de los tiempos, hemos buscado otras fuentes de líquidos con capacidad de hidratación.

En las últimas décadas ha aumentado el consumo de diferentes bebidas, proliferando las bebidas con azúcar.

Sin embargo, el agua actualmente está en la base de todas las pirámides nutricionales.

La doctora Pilar Vaquero, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), indica que el agua puede considerarse un alimento ya que contiene nutrientes como sodio, calcio, magnesio o potasio que le confieren en distintas proporciones características específicas que intervienen en los distintos procesos del organismo humano. Es por ello que las sociedades de nutrición incluyen ya el agua dentro de la composición de las pirámides de alimentación que constituyen la guía para una dieta equilibrada.

El agua es un nutriente esencial, sin el que no podríamos vivir y que ayuda a que todos los procesos fisiológicos del organismo tengan lugar. No solo hidrata,  también regula la temperatura corporal, hace que  los otros nutrientes lleguen a las células y controla la tensión arterial.

En opinión de Dahlstrom, el volumen de líquido extracelular está relacionado con el tamaño de la masa “protoplásmica” activa, y que el equilibrio entre los volúmenes de sangre y de líquido intersticial se ajusta en el sujeto normal en cada momento, para responder a las demandas de la actividad física y los cambios producidos por estímulos hormonales. (1)

Para cualquier persona sana, la sed es una guía adecuada para tomar agua, excepto para los bebés, los deportistas y la mayoría de las personas enfermas y ancianas.

En estos casos conviene programar momentos para ingerir agua, ya que la gran demanda y los mecanismos fisiológicos que determinan la sed en estas situaciones pueden condicionar desequilibrios en el balance hídrico con importantes consecuencias para la salud o el rendimiento físico o intelectual.

Nuestro organismo posee una serie de mecanismos que le permiten mantener constante el contenido de agua, mediante un ajuste entre los ingresos y las pérdidas.

El balance hídrico viene determinado por la ingestión (agua de bebida, líquidos, agua contenida en los alimentos) y la eliminación (orina, heces, a través de la piel y de aire espirado por los pulmones).

El fallo de estos mecanismos y las consiguientes alteraciones del balance acuoso, pueden producir graves trastornos capaces de poner en peligro la vida del individuo.

Los atletas tienen un contenido relativamente alto de agua corporal, debido sobre todo a su elevada masa magra, su baja proporción de grasa y su elevado contenido de glucógeno muscular ya que, como se estima que en  1 gramo de glucógeno se almacena junto a aproximadamente 2,7 mL de agua, debido a la presión osmótica ejercida por los gránulos de glucógeno en el sarcoplasma 5. (2)

(1)Profesor Grande Covian (Necesidades de agua y nutrición)
(2)Importancia del agua en la hidratación de la población española: documento FESNAD 2010

Dahlstrom: D Dahlstrom, H, experto médico en metabolismo basal y líquido extracelular, con especial referencia a la combustión de grasas e influencias de la hormona tiroidea.

Líquido extracelular: El término líquido o fluido extracelular (en inglés ECF, extracellular fluid) suele hacer referencia a un fluido corporal fuera de las células. El resto se denomina fluido intracelular. En algunos animales, incluidos los mamíferos, el fluido extracelular puede dividirse en dos mayores subcompartimentos, fluido intersticial y plasma sanguíneo. El fluido extracelular también incluye al fluido transcelular; siendo solo cerca del 2,5 % de la ECF.

Masa protoplasmática: El protoplasma es el material viviente de la célula, es decir, todo el interior de la célula (también el núcleo y el citoplasma).

Líquido intersticial: El líquido intersticial o líquido tisular es el líquido contenido en el intersticio, o espacio entre las células.

Balance hídrico: El balance hídrico o acuoso es el equilibrio entre todos los recursos hídricos que ingresan al sistema y los que salen del mismo, en un intervalo de tiempo determinado.

Glucógeno: Sustancia blanca y amorfa que se encuentra en abundancia en el hígado y en los músculos y puede transformarse en glucosa cuando el organismo lo requiere.

Sarcoplasma: Es el citoplasma de las células musculares.

Presión osmótica: Presión que ejercen sobre el tabique semipermeable las sustancias entre las cuales se produce la ósmosis.